domingo, 26 de octubre de 2014

Repetimos la rutina de días alternos, la primera deshaces maletas, la segunda haces maletas.

El autobús y Bat, con puntualidad inglesa nos recogen a las ocho de la mañana. El termómetro sarcástico, ignorante de esta hora tan temprana ya escala los 30 grados y la humedad se siente en todos los poros de la piel, ya hemos desayunado, ya hemos sudado los zumos que hemos tomado y estamos listos para un nuevo día de visitas camino de Hue.

Desde el hotel hasta las ruinas de  My Som hay hora y media de carretera, lo bueno es que están en la misma ruta que nuestro destino final Hue.

Deshacemos el camino de anteanoche pero esta vez de día, a izquierda de la carretera van sucediendo una tras otra playas vírgenes de arena fina, a la derecha una gran base aérea yanqui, vallada por un muro de piedra que protege todo su perímetro, parece un monumento al recuerdo de tanta victima inútil dado el resultado de la contienda y la evolución del país. Gracias a la altura del bus podemos ver desnudos los hangares y parte de la torre de control, las pistas de aterrizaje van de norte a sur y salvo por las explicaciones de Bat nada hace suponer que hay detrás del muro, también llama la atención que una zona tan privilegiada este fuera de la vorágine del urbanismo hotelero.


Ruinas de My Son


Nuestra primera visita es el Santuario de My Son (Mi hijo). Se trata de un grupo de templos abandonados y parcialmente en ruinas  de una antigua ciudad imperial del reino de Champa que floreció durante los siglos IV al XIII, estos restos arqueológicos, fueron muy dañados por la aviación americana al confundir las cúpulas brillantes con campamentos del Vietcom.



 Los monumentos, todos en muy mal estado y muy pocos restaurados están cubiertos de hierbas en sus techos y paredes, están construidos por ladrillos cocidos, así me pareció a mí y es harto difícil el comprender las ruinas sin un guía. Son cerca de las diez, hace cinco horas que el sol escala hacia su cenit y estamos en plena selva, el sol apreta fuerte y te obliga a calarte la gorra, dos minutos más tarde el agobio te hace quitártela, esta operación es mimética en todo el grupo.


Cuando llevamos una hora, todos como ovejas  amodorradas vamos buscando la escasa sombra de este páramo lleno de ladrillos rojos. Cuando Bat emprende el camino al autobús que está en algún punto del parque casi lo adelantamos, cinco minutos después me doy cuenta que he perdido mi gorra, me vuelvo en un impulso por buscarla, se dónde está, pero pueden más en mi las ganas de tomar una botella de agua fría.
Buda Sin cabeza


Inexplicablemente volvemos, hora y media por el mismo camino, a comer al lado justo del hotel. Cosas de la sapiencia oriental y que nuestras desentrenadas mentes no llegamos a entender, el grupo a coro exigen un restaurante menos “pijo” y más fresquito, se condena la belleza por la comodidad, con la promesa de Bat de que nos gustará seguimos nuestro camino.


Detalles para llevar a la familia



Parada a hacer aguas menores. Esta vez paramos en una fábrica de esculturas de mármol. Aun hoy, no entiendo en que maleta pretendían que nos trajésemos esas “figuritas” habían figuras desde medio metro hasta tres metros, desde 70 a 3000 kilos, todo tipo de animales, budas y tenían hasta un sofá de tres plazas. Al fondo bajo una lona estaban tres operarios con grandes radiales sacando, envueltos en chispas, verdaderas obras de arte. Justo al lado media docena de chicas iban perfilando las esculturas.



Llegamos al mismo punto del que partimos por la mañana, para ser exactos dos puertas más a la izquierda, El restaurante precioso porque si, en la sala principal de al menos cien metros de larga por 25 de ancha habían puestas mesas para dos grupos más grandes que el nuestro. Nos dirigimos como campeones a un reservado con cuatro mesas grandes, que había al fondo de la sala y al pasar las puertas, bofetada en todo el morro, no estaba puesto el aire y hacía un calor de mil pares de “cajones”.

Empiezan las protestas, algunas voces, aparecen las camareras con tres ventiladores y nos encienden el aire. La comida muy rica no la pudimos disfrutar por la mala gaita que teníamos al ver lo ratas e inútiles que son algunos “directores de restaurantes” como jactanciosamente se llaman, por no prever estas circunstancias. Al final de la comida, acorralamos a Bat en la entrada, este le pasó la pelota al director, este mucha reverencia, mucha sonrisa y al final ajo y agua y todos al autobús.


Bahia de Da Nang
Abandonamos Hoy An, ya por última vez, atravesamos la ciudad de Da Nang y pegados a la costa,  por decisión unánime subimos por un viejo puerto de montaña, hoy sustituido por un flamante túnel el Hai Han Van, que atraviesa la montaña a cientos de metros de la superficie. 

La carretera va dando vuelta y ganando altura dibujando la preciosa Bahía de Da Nang. 






Altares en recuerdo de los muertos en accidente


A los lados de la carretera se ven pequeños altares, ahora llenos de polvo, desatendidos al mitigarse el dolor de los familiares que los levantaron en recuerdo de algún familiar, víctima de tanta curva,













Paisajes con colores exuberantes, armoniosos azules del mar, verdes de la vegetación y arenas de sus finas playas, encumbramos el puerto de Đỉnh đèo Hải Vân donde hacemos una parada para calmar nuestras ansias de fotografía.








La siguiente parada es en la ciudad de Lang Co, el autobús para al final de la ciudad y de una pequeña albufera Vung an Cu, el atardecer nos regala unas preciosas vistas que en un momento quedan inmortalizadas.





Ya es noche cerrada cuando llegamos a Hue, nos hospedamos en el hotel Moonlight, le hice dos fotos a la habitación para incrédulos. De esto sí que tenemos que aprender en España. Hoteles de 40€ noche,  con habitaciones de ensueño, lo mismo que en España que por cuarenta euros te ponen a barrer.

Bajamos a buscar un italiano que vimos al pasar y después de dar vueltas a dos manzanas acabamos cenando hamburguesas en un local cerca del hotel.

jueves, 16 de octubre de 2014

Hoi an es una pequeña ciudad del centro de Vietnam, con unos noventa mil habitantes, fue un puerto importante en el mar de la china, entre los siglos XVI y XVII.


En el año 1999, la ciudad antigua fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, como ejemplo de puerto comercial del sureste asiático, destacando El chùa cầu (puente japonés), es de madera y divide dos barrios históricos, el chino y el japonés. Su construcción se remonta al año 1593. Tiene un tamaño de 18 metros de largo y su techo es de madera.


Gusanos
Como un ejército entrenado, a las ocho de la mañana ya estábamos todos subidos al bus que nos acercó al centro histórico de la ciudad donde pasamos todo el día. La temperatura ya era graciosa, 29 grados con una sensación térmica de 36grados y con unas previsiones de 50 grados a la una de la tarde. Todos con gorros, lociones protectoras, pañuelo y abanícos, hicimos una primera visita en una fábrica de seda.

Hilos de seda
La encargada nos fue llevando por todos los procesos, empezamos por los gusanos que engordaban con moreras. Los capullos estaban en redados en unos armazones de madera de metro y medio de alto de forma octogonal y con cuerdas tupidás que favorecían la disposición de los mismos.  
Capullos
En un tiempo que no recuerdo y antes de que rompiesen el capullo los escaldaban y pasaban por una máquina que creaba los hilos que después se tintaban y al final se tejían. El cenit de la visita y donde mas tiempo “libre” teniamos era en la tienda,  casi todos picaban, unos compraban pañuelos, otros camisas y algunas cargaban con vestidos.

 
Justo al lado de la fábrica había otra de farolillos de colores muy llamativos que casi te impelía a comprarlos, los tocabas, los medias y por falta de espacio en la maleta los descartabas.



Todo el grupo rodeando a Bat nos adentramos en la ciudad vieja. Los edificios son todos de una planta con un piso superior, todos con negocios, tiendas de ropa y multitud de restaurantes. Las calles simétricas, todas rectas y muchísima gente transitando y lo mejor, prohibido el paso a vehículos a motor, incluidas motocicletas. Visitamos una tienda donde te hacían trajes a medida en 7 horas y donde habían unos potentes ventiladores en la puerta que a traían como moscas a la miel a todos los acalorados “guiris”

El calor arreciaba y las botellas de tres cuartos de agua desaparecían en un trago, los pañuelos hacía tiempo que estaban empapados y el sol cuando te parabas te hacía daño en la piel, lo primero que mirabas al entrar en una tienda eran los ventiladores, en este bendito pueblo no conocen, en las tiendas, la palabra aire acondicionado. Cambiamos a una calle paralela y al fondo vimos una estructura de madera de color rojo que todo el mundo fotografiaba, el famoso puente Japonés, como todo en este país es más bonito visto que explicado.

Entrada al puente Japones

 Un puente totalmente de madera, todo rojo, con una pagoda budista en un lado en la que no paraban de poner incienso, hacer donativos y un breve rezo, casi ninguno pasaba sin dedicarle un minuto. Todos ajenos a los irreverentes marcianos que de forma compulsiva fotografiábamos cualquier cosa o momento. En el lateral derecho se puede ver los cuatro pilares de ladrillos que lo descansan sobre el cauce del canal, desde ese lado las fotografías eran preciosas.

 Seguimos caminando hasta la Casa Tan Ky situada en  la Calle Nguyen Thai Hoc. Esta antigua vivienda de comerciantes chinos tiene más de 150 años, pasa por ser una de las más antiguas de la ciudad, llama la atención en un pilar de la casa los registros de inundaciones sufridas por la casa y en qué año se produjeron.
Altura de inundaciones

Está considerada como una de las más bellas. Nos estamos en el comedor en sillas y divanes y nos ofrecieron un té a mi particularmente me gusto, salimos por el otro lado de la casa que daba a un canal del rio.




Otra vez reunidos y según nos dirigíamos al restaurante donde comeríamos, pasamos por un mercado que rememoró en nuestros recuerdo lo vivido días atrás en sapa, en este mercado y a la entrada había muchos mini puestos de comida. Tienen una pequeña barra a derecha e izquierda donde se sientan los parroquianos a comer, los más con un vol repleto de verduras y carnes todo ello sumergido en un caldo muy caliente.

Colage de Verduras y frutas




Vendedora de gallinas y pollos
Al final del mercado la carne y a la salida del local, quizás para suavizar el olor a carne no refrigerada, estaban los puestos de verduras con una amalgama de colores que paraba a todo el mundo, lo último del bullicio del mercado eran unas mujeres que tenían pollos y gallinas enjaulados en unas cestas de rejilla de gallinero con formas esféricas y otras atadas entre sí por las patas en el suelo, los animales eran grandes por lo que entendimos que esperaban a ser vendidos para sacrificarlos..

En una calle paralela, mirando al rio, estaba el restaurante donde comimos, el sitio era tal cual de película, nos habían preparado unas mesas dispuestas en el jardín y protegidas con grandes sombrillas. La mesa la presidian dos ventiladores de más de medio metro de diámetro, nos sentamos unos enfrente de los otros y a partir de la décima pareja el aire era un solo ruido ya que no se apreciaba.  Manteles blancos camareros perfectamente uniformados y el metre que no paraba de ofrecernos bebidas.




 


Lo que sin duda es un excelente restaurante, gracias al calor, estábamos a 34grados ST 46 y  a la avaricia del metre, retardó la comida más de media hora con el fin de que consumiésemos más, desemboco en un desmayo con esguince de una Malagueña que obligó al guía a acompañarla al hospital,

El autobús nos devolvió a los hoteles y a las cinco de la tarde pertrechados con bañadores y toallas estábamos en un taxi camino de la playa.


Palmeral playa de Hoi An

El hotel está en una carretera de la playa, a unos dos kilómetros, donde termina la carretera está la zona de baño del pueblo de Hoy An es de arena fina y tienen un tupido palmeral de cien metros de ancho por unos tres kilómetros de largo. A pesar de la hora, faltaba una para hacerse de noche, la zona de palmeras estaba totalmente ocupada por grupos de familias, en algunos casos más de treinta,  en el suelo tenían unas mantas de rafia para evitar la arena.
Del palmeral al agua había otros cincuenta metros de fina arena ocupada tan solo por turistas llenos de crema protectora que se distinguían del resto por su atuendo, solo nosotros usábamos bañador o biquini y por el color, todos blancos a lo sumo gambas rojas.

Como he comentado la zona es turística por excelencia, Vietnam recibe mucha gente de veraneo de China, corea del sur y Japón y donde de verdad los distingues es en el agua. Las mujeres orientales, a nuestros ojos, tienen rasgos muy similares y es difícil ubicarlas, en el agua esta chupado, si no se tapa es turista. Pocas Vietnamitas se meten al agua pero las que se meten van enfundadas en trajes de hilo que les cubre hasta la cabeza.

Los gomeros
Un negocio gracioso, que me recordó mi niñez en la playa, había un puesto en mitad de la arena, donde alquilaban cámaras hinchadas de turismo con las que los críos se lo pasaban en grande.


Del agua de esas costas bañadas por el mar de china, decir solo que estaba caldosa y que es de un precioso verde esmeralda y poco clara, como en Ha long, no se veían los pies cuando el agua te pasaba de la cintura.
Dos baños y treinta fotos después salimos pitando a la piscina del hotel, esta sí que estaba caliente, costaba entrar y a poco que nadases en seguida te agotabas.


Ducha rápida, taxi y regreso a la ciudad vieja de Hoi An, serían las siete y media de la tarde y seguía habiendo muchísima gente por las calles, ahora quizás se veían más lugareños paseando o simplemente viendo pasar a la gente, los turistas entrando en tiendas, revolviendo ropas y comprando el recuerdo que te acerque al lugar cuando estés lejos. Hacía un calor de justicia, no corría un soplo de aire y los ventiladores de las tiendas solo movían un aire pesado. Una botella de agua un trago, al minuto siguiente la tenías en la cara y a los dos minutos podías escurrir el pañuelo y llenar media botella.

Ciudad vieja de noche




Foto sobre el puente
La elección del restaurante, ninguno tiene aire acondicionado, era sin preguntar por la carta, si disponían de mesa en la terraza. No hay mal que por bien no venga  y que sabia razón tiene el dicho, el calor nos fue llevando de peregrinación por la preciosa ciudadela engalanada de farolillos multicolores, viva, muy viva  con una marea ingente de personas variopintas que transitaba por doquier bebiendo, comiendo, comprando o simplemente disfrutando de un precioso paseo.

Al fondo el barrio japones
Finalmente encontramos mesa en un restaurante pegado al rio, con una espléndida vista a la ajetreada vida nocturna. La mesa estaba flanqueada por dos ventiladores y la cerveza casi parecía fría, Dios aprieta pero no ahoga.

sábado, 11 de octubre de 2014

Nos despertamos con la misma lluvia que nos acostó. Caía una lluvia mansa que desdibujaba el espejo que formaba el mar en calma. No había ninguna sensación de movimiento, ni un ruido que perturbase la certeza de estar en medio de la nada, ahora comprendimos porque a todos nos gusta este lugar,  majestuoso por su naturaleza y grandioso por su armonía.

Pescadores en Ha Long

Desde el balcón del camarote se veía faenar con redes, en un exigua piragua, a tres marinos del pueblo, protegidos escasamente con su gorro de paja cónico, ajenos al iteres que despertaba en nosotros.



Cena con marisco
El desayuno estaba dispuesto en el comedor, al centro de la sala con muchos platos de verduras, pollo, cerdo y el omnipresente arroz. Sin ningún tipo de vergüenza, olvidada en casa la chivata de nuestros desmanes (la báscula) y sin ninguna censura nos lanzamos a los platos como si nos fuera la vida en ello.


 En media hora estábamos todos en la primera planta donde dos tripulantes nos entregaban impermeables y chalecos salvavidas para embarcar en una lancha que se veía a través de una puerta que hacía las veces de embarcadero. En ese momento tiraban el agua a pozales y los grumetes nos urgían a vestirnos y embarcarnos.

Lloviendo a cantaros en Halong

Impermeable tipo capa con capucha todo de color morado, otros de azul y muchos grises, salvavidas naranja, todos pegados al centro para no mojarnos parecíamos pollitos desangelados.  

Cambiamos a unas canoas conducida a remos y nos adentramos por una cueva que había en una pared de roca de unos doscientos metros de alto toda cubierta de vegetación.


Al otro lado de la cueva se habría una plaza circular de más de quinientos metros de diámetro, cualquiera pensaría que habían escavado el interior de la montaña y la habían vaciado de  piedras. Caprichos de la naturaleza.


En una pared había un mono, quizás otro actor mas de este singular sitio. Posaba descaradamente a su publico, nosotros,  que hacíamos cola por llevarnos una instantánea que mostrar.Después de fotografiarlo emprendimos el regreso a nuestra motora.



Todos a bordo del velero y con la misma lenta velocidad, no serían más de cinco nudos, emprendimos el regreso al puerto de Ha Long. A las once de la mañana, faltaba una hora para desembarcar, nos dieron un almuerzo que nos serviría de comida y merienda.

Puerto de Halong
Al llegar a puerto, nuestras maletas estaban desembarcadas y Lu aparecía entre ellas con un paraguas, nos metimos en el autobús y saludamos al tocapitos y a su gemelo el maletero que a pesar de haber metido 34 maletones en los bajos del bus, aparecía sin un rastro de sudor. ¿Que no sería de plástico?

Hora y media del tocapitos en toda su salsa y viendo que Lu se arrancaba con otro mitin, alguien pregunto por la afición tan grande que tienen los asiáticos con el karaoke. A Lu se le ilumino el rostro, como si le hubiéramos aclamado y sin ninguna necesidad de animarle se arrancó por las violeteras, 


¡ESPECTACULAR!,  En dos segundos, imbuidos de amor patrio, todo el autobús a grito pelao le hacíamos los coros, el repertorio duro tres canciones más y termino con una nana en su idioma nativo, no se entendía pero el tono era el mismo que usamos nosotros con nuestros hijos, el momento fue muy agradable y todos nos sentimos más cercanos.



Balsa donde estan las ostras

Perlas directamente extraídas de la ostra
Perlas preparadas para la venta

Esta vez paramos en una fábrica de perlas, pudimos ver el proceso que dura siete años y que fructifica en una perla en el 30% de los casos y de ellas solo el 10% son buenas para la venta. Una vez abiertas y extraída la perla el resto va a una fábrica que enlata la carne para venderla posteriormente a los restaurantes. Como siempre lo que nos llamaba la atención era prohibitivo.

Era la una, estábamos a cien kilómetros del aeropuerto de Hanói y nuestro vuelo salía a las seis de la tarde y nos quedaba por ver una pagoda muy famosa. El chofer, léase, tocapitos, emprendió una desordenada carrera, en su mente se dividió la carretera en tres carriles, los de la derecha, los de la izquierda y el suyo solo perceptible en su mente, el del centro. El bocineo se hizo más repetitivo si cabe y lo dirigió a los que en sentido opuesto no osaban apartarse. Alguna débil voz quiso protestar pero fue acallada por el miedo, hasta Lu callaba, hacia como que leía un papel que despistadamente tenia al revés.


Tres horas después llegamos a la pagoda, estaban haciendo un rito y estaba totalmente abarrotada, los que menos vergüenza tenían se integraron entre los lugareños y se veían de poco en poco los flases de las cámaras. Los colores rojos y oro están por todos lados y las ofrendas de comida colman todos los rincones, también hay cajones con rendijas donde los feligreses van metiendo billetes, no aprecié la cantidad que ponían pero sí que todos los que pasaban cerca metían un paquetito.

Cuatro y media, salimos de estampida de la pagoda y sin protestar casi animamos al Sr. Conductor (lo de tocapitos sobra) a que persista en su forma de conducir y rezamos para llegar con hora de coger el vuelo. A las cinco y diez de la tarde llegamos a la terminal y salimos escopetados al embarque, como tontos nos vamos poniendo en colas de la misma compañía pero que solo admiten vuelos a otras horas distintas al nuestro.



Gracias al guía nos cambian de fila, solo faltamos seis, los gallegos Adela y Marti y nosotros cuatro. La línea es la de bisnes y nos dan billetes de bisnes en Ingles “claro”, entendemos en nuestro desarrollado Ingles/sordomudo, que los billetes son bisnes pero que volamos como todos en turista.

Empieza la cola de embarque, una azafata va revisando billetes y pasaportes, cuando ve los nuestros, nos saca de la cola y nos mete directamente al avión “CAGATE LORITO”  subimos a la nave y nos tocan cuatro butacones con botones por todos lados y con una televisión propia. No ha terminado de embarcar la gente y otra azafata nos trae un zumo de frutas, bien empezamos.
Nos reparten prensa en Ingles y Vietnamita, yo pido LAS PROVINCIAS, a lo sencillo y la simpática tripulante me da el primer periódico del montón eso si con una amplia sonrisa, tonterías las justas. Nos emocionó que nos diesen de merendar una pulguita de pan con una loncha de jamón.

En el aeropuerto de Danang nos recibe nuestro nuevo guía, Bat, al menos con ese nombre se quedó todo el viaje, un crio de 28 años golfillo, muy simpático y con un español muy aceptable que como todos los guías había aprendido en Cuba. Para ir a Cuba se hacen Hanói a Moscú, Moscú a Madrid y Madrid La Habana 26horas de vuelos más su correspondientes horas de tránsito en aeropuertos, para que después tú te quejes.




Habitación
Fuimos por toda la playa de Danang a Hoi An a pesar de ser de noche pudimos ver un Benidorm a medio hacer ya construidos muchos hoteles con los típicos puestos de playa con mucho chiringuito y bastantes discotecas, nada que ver con Hanói. Llegamos al hotel, aparecieron un montón de maleteros y nos fueron llevando a las habitaciones, las nuestras parecían un horno, por estar cerradas y por no tener enchufado el aire.  

Living
El hotel, típico de playa, siendo bueno nada tenía que ver con los que habíamos tenido hasta ahora, cenamos en un restaurante de temporada, de esos que cierran cuando termina el verano, nos dieron las doce tomando café y por cansancio nos fuimos a la habitación que en tres horas de aire acondicionado ya parecía una neverita.