sábado, 11 de octubre de 2014

Nos despertamos con la misma lluvia que nos acostó. Caía una lluvia mansa que desdibujaba el espejo que formaba el mar en calma. No había ninguna sensación de movimiento, ni un ruido que perturbase la certeza de estar en medio de la nada, ahora comprendimos porque a todos nos gusta este lugar,  majestuoso por su naturaleza y grandioso por su armonía.

Pescadores en Ha Long

Desde el balcón del camarote se veía faenar con redes, en un exigua piragua, a tres marinos del pueblo, protegidos escasamente con su gorro de paja cónico, ajenos al iteres que despertaba en nosotros.



Cena con marisco
El desayuno estaba dispuesto en el comedor, al centro de la sala con muchos platos de verduras, pollo, cerdo y el omnipresente arroz. Sin ningún tipo de vergüenza, olvidada en casa la chivata de nuestros desmanes (la báscula) y sin ninguna censura nos lanzamos a los platos como si nos fuera la vida en ello.


 En media hora estábamos todos en la primera planta donde dos tripulantes nos entregaban impermeables y chalecos salvavidas para embarcar en una lancha que se veía a través de una puerta que hacía las veces de embarcadero. En ese momento tiraban el agua a pozales y los grumetes nos urgían a vestirnos y embarcarnos.

Lloviendo a cantaros en Halong

Impermeable tipo capa con capucha todo de color morado, otros de azul y muchos grises, salvavidas naranja, todos pegados al centro para no mojarnos parecíamos pollitos desangelados.  

Cambiamos a unas canoas conducida a remos y nos adentramos por una cueva que había en una pared de roca de unos doscientos metros de alto toda cubierta de vegetación.


Al otro lado de la cueva se habría una plaza circular de más de quinientos metros de diámetro, cualquiera pensaría que habían escavado el interior de la montaña y la habían vaciado de  piedras. Caprichos de la naturaleza.


En una pared había un mono, quizás otro actor mas de este singular sitio. Posaba descaradamente a su publico, nosotros,  que hacíamos cola por llevarnos una instantánea que mostrar.Después de fotografiarlo emprendimos el regreso a nuestra motora.



Todos a bordo del velero y con la misma lenta velocidad, no serían más de cinco nudos, emprendimos el regreso al puerto de Ha Long. A las once de la mañana, faltaba una hora para desembarcar, nos dieron un almuerzo que nos serviría de comida y merienda.

Puerto de Halong
Al llegar a puerto, nuestras maletas estaban desembarcadas y Lu aparecía entre ellas con un paraguas, nos metimos en el autobús y saludamos al tocapitos y a su gemelo el maletero que a pesar de haber metido 34 maletones en los bajos del bus, aparecía sin un rastro de sudor. ¿Que no sería de plástico?

Hora y media del tocapitos en toda su salsa y viendo que Lu se arrancaba con otro mitin, alguien pregunto por la afición tan grande que tienen los asiáticos con el karaoke. A Lu se le ilumino el rostro, como si le hubiéramos aclamado y sin ninguna necesidad de animarle se arrancó por las violeteras, 


¡ESPECTACULAR!,  En dos segundos, imbuidos de amor patrio, todo el autobús a grito pelao le hacíamos los coros, el repertorio duro tres canciones más y termino con una nana en su idioma nativo, no se entendía pero el tono era el mismo que usamos nosotros con nuestros hijos, el momento fue muy agradable y todos nos sentimos más cercanos.



Balsa donde estan las ostras

Perlas directamente extraídas de la ostra
Perlas preparadas para la venta

Esta vez paramos en una fábrica de perlas, pudimos ver el proceso que dura siete años y que fructifica en una perla en el 30% de los casos y de ellas solo el 10% son buenas para la venta. Una vez abiertas y extraída la perla el resto va a una fábrica que enlata la carne para venderla posteriormente a los restaurantes. Como siempre lo que nos llamaba la atención era prohibitivo.

Era la una, estábamos a cien kilómetros del aeropuerto de Hanói y nuestro vuelo salía a las seis de la tarde y nos quedaba por ver una pagoda muy famosa. El chofer, léase, tocapitos, emprendió una desordenada carrera, en su mente se dividió la carretera en tres carriles, los de la derecha, los de la izquierda y el suyo solo perceptible en su mente, el del centro. El bocineo se hizo más repetitivo si cabe y lo dirigió a los que en sentido opuesto no osaban apartarse. Alguna débil voz quiso protestar pero fue acallada por el miedo, hasta Lu callaba, hacia como que leía un papel que despistadamente tenia al revés.


Tres horas después llegamos a la pagoda, estaban haciendo un rito y estaba totalmente abarrotada, los que menos vergüenza tenían se integraron entre los lugareños y se veían de poco en poco los flases de las cámaras. Los colores rojos y oro están por todos lados y las ofrendas de comida colman todos los rincones, también hay cajones con rendijas donde los feligreses van metiendo billetes, no aprecié la cantidad que ponían pero sí que todos los que pasaban cerca metían un paquetito.

Cuatro y media, salimos de estampida de la pagoda y sin protestar casi animamos al Sr. Conductor (lo de tocapitos sobra) a que persista en su forma de conducir y rezamos para llegar con hora de coger el vuelo. A las cinco y diez de la tarde llegamos a la terminal y salimos escopetados al embarque, como tontos nos vamos poniendo en colas de la misma compañía pero que solo admiten vuelos a otras horas distintas al nuestro.



Gracias al guía nos cambian de fila, solo faltamos seis, los gallegos Adela y Marti y nosotros cuatro. La línea es la de bisnes y nos dan billetes de bisnes en Ingles “claro”, entendemos en nuestro desarrollado Ingles/sordomudo, que los billetes son bisnes pero que volamos como todos en turista.

Empieza la cola de embarque, una azafata va revisando billetes y pasaportes, cuando ve los nuestros, nos saca de la cola y nos mete directamente al avión “CAGATE LORITO”  subimos a la nave y nos tocan cuatro butacones con botones por todos lados y con una televisión propia. No ha terminado de embarcar la gente y otra azafata nos trae un zumo de frutas, bien empezamos.
Nos reparten prensa en Ingles y Vietnamita, yo pido LAS PROVINCIAS, a lo sencillo y la simpática tripulante me da el primer periódico del montón eso si con una amplia sonrisa, tonterías las justas. Nos emocionó que nos diesen de merendar una pulguita de pan con una loncha de jamón.

En el aeropuerto de Danang nos recibe nuestro nuevo guía, Bat, al menos con ese nombre se quedó todo el viaje, un crio de 28 años golfillo, muy simpático y con un español muy aceptable que como todos los guías había aprendido en Cuba. Para ir a Cuba se hacen Hanói a Moscú, Moscú a Madrid y Madrid La Habana 26horas de vuelos más su correspondientes horas de tránsito en aeropuertos, para que después tú te quejes.




Habitación
Fuimos por toda la playa de Danang a Hoi An a pesar de ser de noche pudimos ver un Benidorm a medio hacer ya construidos muchos hoteles con los típicos puestos de playa con mucho chiringuito y bastantes discotecas, nada que ver con Hanói. Llegamos al hotel, aparecieron un montón de maleteros y nos fueron llevando a las habitaciones, las nuestras parecían un horno, por estar cerradas y por no tener enchufado el aire.  

Living
El hotel, típico de playa, siendo bueno nada tenía que ver con los que habíamos tenido hasta ahora, cenamos en un restaurante de temporada, de esos que cierran cuando termina el verano, nos dieron las doce tomando café y por cansancio nos fuimos a la habitación que en tres horas de aire acondicionado ya parecía una neverita.

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