jueves, 16 de octubre de 2014

Hoi an es una pequeña ciudad del centro de Vietnam, con unos noventa mil habitantes, fue un puerto importante en el mar de la china, entre los siglos XVI y XVII.


En el año 1999, la ciudad antigua fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco, como ejemplo de puerto comercial del sureste asiático, destacando El chùa cầu (puente japonés), es de madera y divide dos barrios históricos, el chino y el japonés. Su construcción se remonta al año 1593. Tiene un tamaño de 18 metros de largo y su techo es de madera.


Gusanos
Como un ejército entrenado, a las ocho de la mañana ya estábamos todos subidos al bus que nos acercó al centro histórico de la ciudad donde pasamos todo el día. La temperatura ya era graciosa, 29 grados con una sensación térmica de 36grados y con unas previsiones de 50 grados a la una de la tarde. Todos con gorros, lociones protectoras, pañuelo y abanícos, hicimos una primera visita en una fábrica de seda.

Hilos de seda
La encargada nos fue llevando por todos los procesos, empezamos por los gusanos que engordaban con moreras. Los capullos estaban en redados en unos armazones de madera de metro y medio de alto de forma octogonal y con cuerdas tupidás que favorecían la disposición de los mismos.  
Capullos
En un tiempo que no recuerdo y antes de que rompiesen el capullo los escaldaban y pasaban por una máquina que creaba los hilos que después se tintaban y al final se tejían. El cenit de la visita y donde mas tiempo “libre” teniamos era en la tienda,  casi todos picaban, unos compraban pañuelos, otros camisas y algunas cargaban con vestidos.

 
Justo al lado de la fábrica había otra de farolillos de colores muy llamativos que casi te impelía a comprarlos, los tocabas, los medias y por falta de espacio en la maleta los descartabas.



Todo el grupo rodeando a Bat nos adentramos en la ciudad vieja. Los edificios son todos de una planta con un piso superior, todos con negocios, tiendas de ropa y multitud de restaurantes. Las calles simétricas, todas rectas y muchísima gente transitando y lo mejor, prohibido el paso a vehículos a motor, incluidas motocicletas. Visitamos una tienda donde te hacían trajes a medida en 7 horas y donde habían unos potentes ventiladores en la puerta que a traían como moscas a la miel a todos los acalorados “guiris”

El calor arreciaba y las botellas de tres cuartos de agua desaparecían en un trago, los pañuelos hacía tiempo que estaban empapados y el sol cuando te parabas te hacía daño en la piel, lo primero que mirabas al entrar en una tienda eran los ventiladores, en este bendito pueblo no conocen, en las tiendas, la palabra aire acondicionado. Cambiamos a una calle paralela y al fondo vimos una estructura de madera de color rojo que todo el mundo fotografiaba, el famoso puente Japonés, como todo en este país es más bonito visto que explicado.

Entrada al puente Japones

 Un puente totalmente de madera, todo rojo, con una pagoda budista en un lado en la que no paraban de poner incienso, hacer donativos y un breve rezo, casi ninguno pasaba sin dedicarle un minuto. Todos ajenos a los irreverentes marcianos que de forma compulsiva fotografiábamos cualquier cosa o momento. En el lateral derecho se puede ver los cuatro pilares de ladrillos que lo descansan sobre el cauce del canal, desde ese lado las fotografías eran preciosas.

 Seguimos caminando hasta la Casa Tan Ky situada en  la Calle Nguyen Thai Hoc. Esta antigua vivienda de comerciantes chinos tiene más de 150 años, pasa por ser una de las más antiguas de la ciudad, llama la atención en un pilar de la casa los registros de inundaciones sufridas por la casa y en qué año se produjeron.
Altura de inundaciones

Está considerada como una de las más bellas. Nos estamos en el comedor en sillas y divanes y nos ofrecieron un té a mi particularmente me gusto, salimos por el otro lado de la casa que daba a un canal del rio.




Otra vez reunidos y según nos dirigíamos al restaurante donde comeríamos, pasamos por un mercado que rememoró en nuestros recuerdo lo vivido días atrás en sapa, en este mercado y a la entrada había muchos mini puestos de comida. Tienen una pequeña barra a derecha e izquierda donde se sientan los parroquianos a comer, los más con un vol repleto de verduras y carnes todo ello sumergido en un caldo muy caliente.

Colage de Verduras y frutas




Vendedora de gallinas y pollos
Al final del mercado la carne y a la salida del local, quizás para suavizar el olor a carne no refrigerada, estaban los puestos de verduras con una amalgama de colores que paraba a todo el mundo, lo último del bullicio del mercado eran unas mujeres que tenían pollos y gallinas enjaulados en unas cestas de rejilla de gallinero con formas esféricas y otras atadas entre sí por las patas en el suelo, los animales eran grandes por lo que entendimos que esperaban a ser vendidos para sacrificarlos..

En una calle paralela, mirando al rio, estaba el restaurante donde comimos, el sitio era tal cual de película, nos habían preparado unas mesas dispuestas en el jardín y protegidas con grandes sombrillas. La mesa la presidian dos ventiladores de más de medio metro de diámetro, nos sentamos unos enfrente de los otros y a partir de la décima pareja el aire era un solo ruido ya que no se apreciaba.  Manteles blancos camareros perfectamente uniformados y el metre que no paraba de ofrecernos bebidas.




 


Lo que sin duda es un excelente restaurante, gracias al calor, estábamos a 34grados ST 46 y  a la avaricia del metre, retardó la comida más de media hora con el fin de que consumiésemos más, desemboco en un desmayo con esguince de una Malagueña que obligó al guía a acompañarla al hospital,

El autobús nos devolvió a los hoteles y a las cinco de la tarde pertrechados con bañadores y toallas estábamos en un taxi camino de la playa.


Palmeral playa de Hoi An

El hotel está en una carretera de la playa, a unos dos kilómetros, donde termina la carretera está la zona de baño del pueblo de Hoy An es de arena fina y tienen un tupido palmeral de cien metros de ancho por unos tres kilómetros de largo. A pesar de la hora, faltaba una para hacerse de noche, la zona de palmeras estaba totalmente ocupada por grupos de familias, en algunos casos más de treinta,  en el suelo tenían unas mantas de rafia para evitar la arena.
Del palmeral al agua había otros cincuenta metros de fina arena ocupada tan solo por turistas llenos de crema protectora que se distinguían del resto por su atuendo, solo nosotros usábamos bañador o biquini y por el color, todos blancos a lo sumo gambas rojas.

Como he comentado la zona es turística por excelencia, Vietnam recibe mucha gente de veraneo de China, corea del sur y Japón y donde de verdad los distingues es en el agua. Las mujeres orientales, a nuestros ojos, tienen rasgos muy similares y es difícil ubicarlas, en el agua esta chupado, si no se tapa es turista. Pocas Vietnamitas se meten al agua pero las que se meten van enfundadas en trajes de hilo que les cubre hasta la cabeza.

Los gomeros
Un negocio gracioso, que me recordó mi niñez en la playa, había un puesto en mitad de la arena, donde alquilaban cámaras hinchadas de turismo con las que los críos se lo pasaban en grande.


Del agua de esas costas bañadas por el mar de china, decir solo que estaba caldosa y que es de un precioso verde esmeralda y poco clara, como en Ha long, no se veían los pies cuando el agua te pasaba de la cintura.
Dos baños y treinta fotos después salimos pitando a la piscina del hotel, esta sí que estaba caliente, costaba entrar y a poco que nadases en seguida te agotabas.


Ducha rápida, taxi y regreso a la ciudad vieja de Hoi An, serían las siete y media de la tarde y seguía habiendo muchísima gente por las calles, ahora quizás se veían más lugareños paseando o simplemente viendo pasar a la gente, los turistas entrando en tiendas, revolviendo ropas y comprando el recuerdo que te acerque al lugar cuando estés lejos. Hacía un calor de justicia, no corría un soplo de aire y los ventiladores de las tiendas solo movían un aire pesado. Una botella de agua un trago, al minuto siguiente la tenías en la cara y a los dos minutos podías escurrir el pañuelo y llenar media botella.

Ciudad vieja de noche




Foto sobre el puente
La elección del restaurante, ninguno tiene aire acondicionado, era sin preguntar por la carta, si disponían de mesa en la terraza. No hay mal que por bien no venga  y que sabia razón tiene el dicho, el calor nos fue llevando de peregrinación por la preciosa ciudadela engalanada de farolillos multicolores, viva, muy viva  con una marea ingente de personas variopintas que transitaba por doquier bebiendo, comiendo, comprando o simplemente disfrutando de un precioso paseo.

Al fondo el barrio japones
Finalmente encontramos mesa en un restaurante pegado al rio, con una espléndida vista a la ajetreada vida nocturna. La mesa estaba flanqueada por dos ventiladores y la cerveza casi parecía fría, Dios aprieta pero no ahoga.

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