jueves, 11 de septiembre de 2014

Hoy dejamos este hotel, está tarde salimos por tren a Sapa, esta al norte del país, el pueblo tiene frontera con China, nos recogen a las siete de esta tarde.

Son las nueve hoy el pelirrojo, para evitar las persecuciones del primer día ha optado por unas sandalias que tienen una tira de cuero a cada lado. Sale a la calle inspeccionando atentamente a ambos lados para descubrir un limpia en cuclillas entre dos motos,  que al ver el tipo de calzado directamente nos ignora.

Ha bajado el Euro y cambiamos en un banco enfrente del hotel a 28100 por euro, cambiamos doscientos, Rosa, la cajera recibe un fajo de billetes de hacer musculo.

Ya somos urbanitas, pasamos las calles como los nativos, el truco es simple, miras al frente y pasas despacio sin correr y sin parar, el enjambre de motos que es maleable te rodea y esquiva sin tocarte un pelo eso sí, no te escapas de múltiples pitidos, sin un mal gesto ni una simple mirada, para ellos, los peatones somos simples bultos a los que su integridad los hace esquivar, ni que decir tiene que nadie respeta nada y en todas las calles va gente en dos direcciones aunque la vía sea solo de una.

Cables y mas cables
Otra particularidad del país y que llama poderosamente la atención, es el maremágnum de cables que cruzan por las calles, doscientos cables negros, unas veces atados con bridas otros medio sueltos, pasan de fachada en fachada saltando las calles o atravesándolas de esquina a esquina. Esta ciudad es la pesadilla para el guardia de tráfico, inspector de sanidad o cualquier otro pulcro servidor de las normas cívicas europeas.

Vamos preguntando por los puestos de comida, mirando por los mercados para conseguir la foto del viaje, los famosos pinchos de insectos, nos vale cualquiera. Lamentablemente en tres días que estamos en la ciudad no vemos ni uno.

Altar con ofrendas Sastreria
Hemos localizado una sastrería, Rodolfo será padrino de su hija el próximo año y en Hanói tienen fama de ser buenos y baratos. Nada tiene de diferente a las nuestras, salvo que a la entrada a un lado tienen un pequeño altar con ofrendas de comida y hasta una botella de vino con muy buena pinta, en este mes recuerdan a sus familiares hasta la quinta generación, queman dinero ficticio para que tenga que gastar en la otra vida. Mientras ellos eligen las telas nosotros intentamos regatear, el viet se hace el loco, nosotros le insistimos en nuestro mudo/inglis, el viet se cansa de la discusión sin bajar un duro y sonriendo, eso que no falte, me pasa la mano por el hombro y me lleva con disimulo hacia la puerta, yo para salvar la honrilla le grito a todos, que me voy a la esquina a tomar un café y salgo recomponiéndome.

Un típico café español, con gente tomando cosas, viendo la tele, con un calor del carajo y con tres ventiladores a todo trapo. Chica guapa detrás de la barra, me sonríe, le sonrió, me inclina la cabeza, le pido un café. Cara de que le hablo en chino. Dicho muy despacio PONME UN EXPRESO, al oír expreso la chica dice Ok, yo por si acaso le hago el movimiento típico de cargar la cafetera, bajo el brazo y repito expreso, ella yes, yo casi emocionado me aseguro y hago el movimiento de apretar el brazo de la cafetera de izquierda a derecha, EXPRESO y ella yes yes yes.

Más tranquilo voy al servicio para lavarme la cara, una particularidad de este clima es que no se mea, bebas lo que bebas aquí lo sudas, puedes estar como los camellos todo el día sin ir al servicio.

Y pedí un expreso
Regreso al mostrador y la chica, con una sonrisa de profidem me saca un vaso grande, de los de agua, con un colacao, le digo nou nou, me señalo el pecho y digo EXPRESO, la viet tira mano de la papelera saca un sobre roto de algo parecido al colacao, me lo pone en los morros y me señala con un circulito la palabra EXPRESO. Aquí me tienes, al otro lado del mundo, con un calor del carajo, diabético perdido soplando en un vaso de colacao, si Rosa se entera me corre a gorrazos.

Me toman las medidas, me he pedido tres camisas a medida, pagamos religiosamente lo que nos pide el sieso que antes me tiro y que me sigue sonriendo y emplazan a Rodolfo a las 16:00 para la primera y única prueba, ahora son las once de la mañana. Fíate y no corras como trabajan esta gente.


Hoy comemos en otro restaurante recomendado por TripAdvisor “The Gourmet Corner Restaurant” está en la quinta planta, el último piso, junto al lago, en la esquina por la que se entra al barrio viejo. Las vistas espectaculares y la comida excelente, con un trabajo enorme de presentación. El café vietnamita delicioso, es lo que en Valencia llamamos un bombón. El precio 48€ los cuatro para repetir todos los días.

A las cuatro en punto, el traje ya está cortado y embastado, quedamos para el día 14 que regresamos a Hanói, según ellos estará mañana a las 12:00.

Regresamos al Hotel , ducha, entregamos las maletas en consigna para que las guarden hasta el día 14 que regresamos a este mismo hotel y preparamos una bolsa pequeña para los tres días que estaremos en el norte.



A las 19:00 horas se presenta Tuc, un guía joven, inexperto que hará el viaje con nosotros en estos tres días. El grupo somos once y mañana se unirán cinco más. Es de noche y está empezando a chispear, la estación, mal  iluminada, como en las películas de desastres o crímenes, está totalmente abarrotada de gente, todos en el andén, frente a unos vagones oscuros que  tienen empañados los cristales por la diferencia de temperatura. La máquina tira para atrás y para delante intentando desenganchar un vagón, los ferroviarios con unos enormes martillos se lían a porrazos con las piezas y nosotros nos vamos calando poco a poco, yo quiero mi habitación del Hotelllllllllllllllllllll

Al final no hemos podido comprar nada para cenar, en la puerta de la estación una mujer vendía bocadillos y cuando le hemos señalado uno, se le ha caído de las manos, se ha manchado de algo marrón, le ha pasado la manga por encima y lo ha puesto nuevamente en el montón, salimos al trote gorrinero, esta noche pasaremos con las galletas y chuches que nos sobraron del vuelo de Londres.

Por fin subimos al tren, nos ha tocado una cabina a mitad del vagon, al lado de las Valencianas y al lado de los madrileños, San Vicente, un madrileño que viaja solo  lo han puesto con el guía. El compartimento es espartano, tiene una mesita al centro, una lámpara que no funciona y dos literas a los lados, enfrente tenemos una ventana por la que no se ve ni jota, porque es de noche. Las literas tienen una almohada pequeña y limpia y una especie de saco de dormir o cubre colchón que parece limpio. El aire acondicionado esta fuerte y estamos medianamente comodos.



Avisamos al revisor por lo de la lámpara, este, entra dando empujones y Rodolfo de guasa le recrimina los empujones, al revisor que le va la fiesta no para de hacerse coñas con el rubio y es bastante que lo veamos llegar a lo lejos para empezar con él no me empujes CACAFUTI, nombre con el que Rodolfo bautiza a cualquiera que no entienda el castellano.
Resignados a cenarnos las uñas vemos con alegría, aparecer a una señora con un carrito, con cervezas…. Si SEMIFRIAS ya nos gustan, QUE PASA y compramos dos botes de plástico que tienen dentro fideos de arroz y que al añadirles agua caliente se convierten en una sopa, digamos que agradable.

Apagamos la luz 

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