jueves, 25 de septiembre de 2014

Nos acostamos a las ocho y media, no tenemos nada  mejor que hacer, llevamos muchos días durmiendo lo justo. 

Ya son las nueve y media, soy incapaz de dormirme, nos han dado el último departamento del vagón, no entiendo que yendo por una vía, en línea recta o con suaves curvas la puta litera se mueva de izquierda a derecha, de arriba abajo, se balancee y acometa las más variadas cabriolas. Y para terminar de cagarla, como diría un castizo,  tengo metida en la cabeza el éxito de mocedades.

                          “Al compás del chacachá,
                           del chacachá del tren: 
           ¡Que gusto da viajar cuando se va en el tren!

Que chisposos el grupo entero de mocedades, me acuerdo hasta del batería, como se nota que no han viajado en tren, al menos en una litera de 70 y en un colchón de ermitaño.  Pues no me acorde yo veces de la puñetera canción, empecé a darle vuelta a eso de las nueve de la noche y cuando llegamos a Hanói, a eso de las cinco, tenía ya dos Grammy para la canción y siete para el autor, ¡la madre que lo pario!.


El tren reduce la velocidad al entrar en los barrios de la periferia de la capital, desde la ventana del vagón se ve un mercado grandioso, con multitud de gente que como hormigas van y vienen  portando fardos de mercancías, la ciudad no duerme o quizás en este momento se despierta porque ya se ven tiendas abiertas y muchos negocios de comidas a pleno rendimiento.

Llegamos al hotel y nos asignan dos suites de escándalo, sabiendo que no se han equivocado, receloso perdido, miro en las paredes por si hay cámaras, pudiera  ser una broma para algún reality de televisión. Me gusta este hotel.
Parte del grupo se han quedado desmadejados en los tresillos de recepción, la agencia de España ha apretado tanto el precio que ha contratado esas habitaciones con un che King normal y no estará disponible hasta la una de la tarde, valla putada.

Nos pegamos una ducha, yo miro de reojo al cacho cama, mide más de dos metros de ancho, se me hace la boca agua, me dan ganas de hacerme el enfermo para que me dejen dormir un rato. Me conformo con que la excursión empieza a las diez y seguramente nos manden al hotel después de comer.

Un aparte merece nuestro nuevo guía al que conoceríamos bien en los tres días que nos acompañó por la ciudad y por la bahía de Halong. El señor LU, un hombre entre 65 y 70 años con la apariencia de un funcionario, burócrata retirado. Lleva unas gafas que nunca deja de recolocarse,  un pañuelo con el que asiduamente se limpia la cara (es el único Vietnamita que he visto sudar como un occidental) es alto, rondara el 1,75cm.   Con el devenir de los días nos enteramos que en la guerra contra los americanos estuvo como comisario político en una batería antiaérea que defendía Hanói. Se jubiló hace unos años siendo redactor jefe de una revista interna del partido, no menciono cual porque solo hay uno y es un acérrimo defensor del sistema político de su país.

En el autobús vamos 34 personas, los 16 de Sapa y algunos otros que empiezan hoy su aventura, en las siguientes escalas, iremos formando subgrupos según designen los guías correspondientes. Somos una muestra variopinta de nuestra España lejana.

Entrada mausoleo Ho Chi Nim
Nos hacen una visita de la ciudad, no dejamos un monumento por fotografiar, el templo de la literatura, La pagoda del único pilar, teatro de la ópera, la casa de Ho Chi Minh y la guinda del pastel su mausoleo.

En el centro de la ciudad, en medio de un gran parque,  se levanta un edificio que se asemeja al Partenón de Atenas, con una superficie construida de veinte mil metros cuadrados  todo en granito.

Mausoleo
Por suerte o pericia del guía no hacemos casi cola y pronto nos enfrentamos con la puerta del mausoleo. La puerta, el perímetro y el propio mausoleo está custodiado por la guardia de Honor del ejército, los soldados parecen importados, son todos altos y con una cara de mala leche que tira de espaldas, vestidos totalmente de blanco, de gala, incluidas chaqueta, camisa y corbata. (Solo recordar que estábamos a 34 grados con una sensación térmica de 41) ni que decir tiene que estaban perfectamente pertrechados con fusiles, bayoneta calada y abundante munición.


El jefe de los serios, este solo llevaba pistola, da un paso al frente y mirando fijamente a una mujer que iba tres por delante de nosotros le señala las gafas de sol y le gesticula y grita para que se las quite y las guarde en el bolsillo, por reacción simpática toda la fila nos quitamos las gafas y damos gracias al serio porque no nos pida desnudarnos.

Visto el éxito, sigue por la fila, nos pasa y se planta delante de un despistado que lleva un gorro de flores verdes, la cagastes burt Lancaster pensamos todos a una,  otro chillido más gestos y todos descubiertos. Que falta me hubiera hecho este buen hombre como profesor en mi edad escolar hubiera sido capaz de llegar a estudiar hasta los reyes godos.

Momento de extasis 
Pasado este mal trago nos adentramos en el recinto, de un sopetón pasamos del calor abrumante del trópico al frio absoluto del ártico, quizás no fuera tanto pero la sensación si lo fue. Dentro del edificio había guardias en todos los pasillos y cada una de las esquinas, todos tiesos, empalados, serios y mirando al frente.

El cuerpo se encuentra en una urna de cristal, custodiado por cuatro infantes a los lados y unos diez más por toda la sala. Impresiona ver el cuerpo embalsamado desde 1969. Impresiona el afecto del pueblo a un líder tan lejano en el tiempo, quizás inducidos por la educación escolar. Impresiona la necesidad de crear este monumento, gratuito para el público, vistas las carencias que hoy tienen y las que seguro sufrieron en décadas pasadas. Impresiona la similitud con nuestra historia reciente, recuérdese el valle de los caídos con su monumento de granito.

La mañana termina en un restaurante precioso donde comemos exquisitamente, con la salvedad de que siempre nos ponen lo mismo, primero una sopa, después cerdo o ternera con una salsa, rollitos vietnamitas y como no, dos kilos de arroz y las espinacas fritas con ajos y para defenderse dos palillos. La cerveza sigue siendo semifría.  Nosotros seguimos pidiendo fría y en este vendito país no hay manera de tomarse un café expreso ni por prescripción facultativa.

El plan “S” de siesta se complica por momentos, Lu nos tiene preparado una visita en tuc tuc por el barrio viejo, después hay una visita a la catedral de San José y a las seis y media teatro de marionetas sobre el agua.








Ocupamos un triciclo por persona, como una gran  serpiente avanzamos por las callejuelas los 34 tuc tuc. Son las dos de la tarde, y bajo un sol de justicia, los conductores se esfuerzan por no perder al de delante. Que difícil debe ser sobrevivir en el campo para aceptar estos trabajos con alegría.

La experiencia es de órdago, desde esta posición,  tan metidos en el tráfico, sin el resguardo de aceras,  tragando el humo de las motos que poco a poco van minando tu garganta, te sujetas a los hierros del cachivache y piensas un poco antes de que te esquive el coche o las mil motos, “quien me manda a mi subir en esta mierda; y la cama sola y pasando frio”.


Termina la odisea y me agacho a dar un beso en el suelo, el del tuc tuc que piensa que me ha dado un vahído me agarra de los hombros y acabamos casi en un abrazo, le suelto 80.000dong y le prometo fidelidad eterna y no volver a coger un artilugio en mi vida y en cinco reencarnaciones si se da el caso.

Pasamos de la catedral y recogemos el traje de Rodolfo, que dicho sea de paso le esta como un guante y mis tres camisas que me están perfectas, hay que ver lo bien que trabajan estas gentes.



Dejamos las prendas en el Hotel y salimos pitando a las marionetas. El espectáculo es muy bonito, no se les entiende una palabra, pero resulta agradable. La penumbra del teatro y la cadencia melodiosa de la música ayudada sobremanera por nuestro cansancio nos hace pegar cabezadas que el grupo de músicos resuelven con unos tremendos golpes al tambor.


Cenamos en un restaurante que había cerca del hotel, todos pedimos comida occidental, pizzas y carne asada. Llevábamos una semana en el país y nos seguía pareciendo baratísimos los restaurantes, cuatro primeros, dos consumiciones por cabeza, postre y café 24€.

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