Nos acostamos a las ocho y
media, no tenemos nada mejor que hacer,
llevamos muchos días durmiendo lo justo.
Ya son las nueve y media, soy incapaz
de dormirme, nos han dado el último departamento del vagón, no entiendo que yendo
por una vía, en línea recta o con suaves curvas la puta litera se mueva de
izquierda a derecha, de arriba abajo, se balancee y acometa las más variadas
cabriolas. Y para terminar de cagarla, como diría un castizo, tengo metida en la cabeza el éxito de
mocedades.
“Al compás del chacachá,
del chacachá del tren:
¡Que gusto da viajar cuando se va en el tren!
Que chisposos el grupo entero de mocedades, me acuerdo
hasta del batería, como se nota que no han viajado en tren, al menos en una litera
de 70 y en un colchón de ermitaño. Pues
no me acorde yo veces de la puñetera canción, empecé a darle vuelta a eso de
las nueve de la noche y cuando llegamos a Hanói, a eso de las cinco, tenía ya dos Grammy
para la canción y siete para el autor, ¡la madre que lo pario!.
El tren reduce la velocidad al entrar en los barrios de
la periferia de la capital, desde la ventana del vagón se ve un mercado
grandioso, con multitud de gente que como hormigas van y vienen portando fardos de mercancías, la ciudad no
duerme o quizás en este momento se despierta porque ya se ven tiendas abiertas
y muchos negocios de comidas a pleno rendimiento.
Llegamos al hotel y nos asignan dos suites de escándalo,
sabiendo que no se han equivocado, receloso perdido, miro en las paredes por si
hay cámaras, pudiera ser una broma para algún
reality de televisión. Me gusta este hotel.
Parte del grupo se han quedado desmadejados en los
tresillos de recepción, la agencia de España ha apretado tanto el precio que ha
contratado esas habitaciones con un che King normal y no estará disponible
hasta la una de la tarde, valla putada.
Nos pegamos una ducha, yo miro de reojo al cacho cama,
mide más de dos metros de ancho, se me hace la boca agua, me dan ganas de
hacerme el enfermo para que me dejen dormir un rato. Me conformo con que la
excursión empieza a las diez y seguramente nos manden al hotel después de
comer.
Un aparte merece nuestro nuevo guía al que conoceríamos
bien en los tres días que nos acompañó por la ciudad y por la bahía de Halong.
El señor LU, un hombre entre 65 y 70 años con la apariencia de un funcionario, burócrata
retirado. Lleva unas gafas que nunca deja de recolocarse, un pañuelo con el que asiduamente se limpia la
cara (es el único Vietnamita que he visto sudar como un occidental) es alto,
rondara el 1,75cm. Con el devenir de
los días nos enteramos que en la guerra contra los americanos estuvo como
comisario político en una batería antiaérea que defendía Hanói. Se jubiló hace
unos años siendo redactor jefe de una revista interna del partido, no menciono
cual porque solo hay uno y es un acérrimo defensor del sistema político de su país.
En el autobús vamos 34 personas, los 16 de Sapa y algunos
otros que empiezan hoy su aventura, en las siguientes escalas, iremos formando
subgrupos según designen los guías correspondientes. Somos una muestra
variopinta de nuestra España lejana.
| Entrada mausoleo Ho Chi Nim |
Nos hacen una visita de la ciudad, no dejamos un
monumento por fotografiar, el templo de la literatura, La pagoda del único
pilar, teatro de la ópera, la casa de Ho Chi Minh y la guinda del pastel su
mausoleo.
En el centro de la ciudad, en medio de un gran parque, se levanta un edificio que se asemeja al Partenón
de Atenas, con una superficie construida de veinte mil metros cuadrados todo en granito.
| Mausoleo |
Por suerte o pericia del guía no hacemos casi cola y
pronto nos enfrentamos con la puerta del mausoleo. La puerta, el perímetro y el
propio mausoleo está custodiado por la guardia de Honor del ejército, los
soldados parecen importados, son todos altos y con una cara de mala leche que
tira de espaldas, vestidos totalmente de blanco, de gala, incluidas chaqueta, camisa
y corbata. (Solo recordar que estábamos a 34 grados con una sensación térmica de
41) ni que decir tiene que estaban perfectamente pertrechados con fusiles, bayoneta
calada y abundante munición.
El jefe de los serios, este solo llevaba pistola, da un
paso al frente y mirando fijamente a una mujer que iba tres por delante de
nosotros le señala las gafas de sol y le gesticula y grita para que se las
quite y las guarde en el bolsillo, por reacción simpática toda la fila nos
quitamos las gafas y damos gracias al serio porque no nos pida desnudarnos.
Visto el éxito, sigue por la fila, nos pasa y se planta
delante de un despistado que lleva un gorro de flores verdes, la cagastes burt
Lancaster pensamos todos a una, otro
chillido más gestos y todos descubiertos. Que falta me hubiera hecho este buen
hombre como profesor en mi edad escolar hubiera sido capaz de llegar a estudiar
hasta los reyes godos.
| Momento de extasis |
Pasado este mal trago nos adentramos en el recinto, de un
sopetón pasamos del calor abrumante del trópico al frio absoluto del ártico, quizás
no fuera tanto pero la sensación si lo fue. Dentro del edificio había guardias
en todos los pasillos y cada una de las esquinas, todos tiesos, empalados,
serios y mirando al frente.
El cuerpo se encuentra en una urna de cristal, custodiado
por cuatro infantes a los lados y unos diez más por toda la sala. Impresiona ver
el cuerpo embalsamado desde 1969. Impresiona el afecto del pueblo a un líder
tan lejano en el tiempo, quizás inducidos por la educación escolar. Impresiona
la necesidad de crear este monumento, gratuito para el público, vistas las
carencias que hoy tienen y las que seguro sufrieron en décadas pasadas.
Impresiona la similitud con nuestra historia reciente, recuérdese el valle de
los caídos con su monumento de granito.
El plan “S” de siesta se complica por momentos, Lu nos
tiene preparado una visita en tuc tuc por el barrio viejo, después hay una
visita a la catedral de San José y a las seis y media teatro de marionetas
sobre el agua.
Ocupamos un triciclo por persona, como una gran serpiente avanzamos por las callejuelas los
34 tuc tuc. Son las dos de la tarde, y bajo un sol de justicia, los conductores
se esfuerzan por no perder al de delante. Que difícil debe ser sobrevivir en el
campo para aceptar estos trabajos con alegría.
La experiencia es de órdago, desde esta posición, tan metidos en el tráfico, sin el resguardo
de aceras, tragando el humo de las motos
que poco a poco van minando tu garganta, te sujetas a los hierros del cachivache
y piensas un poco antes de que te esquive el coche o las mil motos, “quien me
manda a mi subir en esta mierda; y la cama sola y pasando frio”.
Pasamos de la catedral y recogemos el traje de Rodolfo,
que dicho sea de paso le esta como un guante y mis tres camisas que me están
perfectas, hay que ver lo bien que trabajan estas gentes.
Cenamos en un restaurante que había cerca del hotel,
todos pedimos comida occidental, pizzas y carne asada. Llevábamos una semana en
el país y nos seguía pareciendo baratísimos los restaurantes, cuatro primeros,
dos consumiciones por cabeza, postre y café 24€.

No hay comentarios:
Publicar un comentario