Que corta fue la noche a
pesar de ser tan larga, dormimos apenas cinco horas. Quizás ¿Por la emoción del
viaje? quizás ¿por ser nuestra primera
noche en coche litera? No fue por el
calor, el habitáculo estaba a 23 grados, todos nos tapamos hasta con el cubre
del colchón, hay que ver lo variable de nuestras convicciones, a las nueve de
la noche recién subidos al tren y sudados, como solo puede sudar un ser humano
en Vietnam, todos nos conjuramentamos en no tocar el colchón ni con un palo, a
pesar de parecer limpio, pero con la seguridad de su sobado historial. A las
tres de la mañana, todos, incluidas las
mujeres, helados de frio pasábamos de zarandajas y estábamos tapados hasta los
ojos con el cubre tocando el redimido colchón.
La experiencia en general
resultó grata y en cuanto al día le dio por despuntar, empezó el ajetreo por el ir y venir de la
gente al servicio, que por fortuna, alguien se había ocupado de adecentar.
La tenue luz del amanecer
iba pintando en un fondo oscuro la silueta del
rio Sông Hồng (rio rojo), que nace a 600km al suroeste de China y que recorre
519km por Vietnam regando Tan Coc casi al final de su recorrido, este grandioso
cauce nos acompañó hasta Lao Cai, el verde exultante de la frondosa vegetación
se alternaba con
verdes más intensos de campos de arroz y maizales. A los lados del valle por el que serpenteaba
el rio y nuestras vías, casi naciendo
del mismo, se arremolinaba una tenue
niebla que defendía tanta frondosidad. Una fina lluvia, que parecía caer
horizon-talmente, por su mansedumbre y la velocidad del tren terminaba de
anunciar lo que sería esta excursión, una verdadera postal.
Por fin llegamos, son las
siete de la mañana, nuestro pelotón, tal cual lo denomina la segunda acepción
de la rae, sin orden y en tropel, arrastrando petates los unos y maletones los
otros, todos al trote para no perder al guía que tiraba para delante dejando a
nuestros avisos el que nadie se perdiera atravesamos la estación y dos calles
abarrotadas de gente, desayunamos en un bar, no merecía más título a pesar de
rezar en un cartel la palabra restaurante.
| Los conductores de las Vanete y Rodolfo |
En el tren de las nueve
llegó el resto del grupo, las últimas cinco personas. Hubo un poco de malestar
por hacernos esperar en medio de una ciudad anodina casi tres horas pero todo
se disipo cuando arrancó el autobús.
Las maletas, que se habían
cargado en una vanete diferente a la nuestra, de forma misteriosa, habían tres
hoteles diferentes y a pesar de que casi todas las maletas estaban sin
identificar, nos esperaban al final del día en la recepción de cada uno de
nuestros hoteles, ni imaginarme quiero al camarada de turno investigando en mis
maletas y comparando mis gayumbas con mi foto para ver si esta me correspondía.
| Edad incierta |
| Marketing vietnamita |
| Orgullo y pose |
En hora y media de caminos
entre montañas, cayendo una fina lluvia,
que no nos abandonaría en todo el día, llegamos
a Coc Ly, el mercado de la etnia Hmong que solo se celebra los martes.
El suelo, de tierra, estaba totalmente embarrado por lo que a los diez minutos
ya no te importaba un comíno donde pisaras y solo pensabas la panchá a limpiar
que se iba a pegar el chofer del minibús cuando subiésemos.
De este mercado me
impresionaron los búfalos de agua, una docena que tenían para vender, tienen
una gran semejanza con los hipopótamos.
A una media hora del mercado
subimos en una lancha y navegamos hora y media por el rio chay, es un rio bravo
de color chocolate claro, por los arrastres de tierra que recibe, con un ancho
entre orillas de 100 metros discurre entre montañas cubiertas de grandes
árboles y ese verde que todo gobierna.
| Arco frontera |
| Al fondo China |
Terminada la comida, nos
hicimos hora y media de carretera para llegar donde nos dejó el tren para subir
a SA PA donde teníamos el hotel, como detalle del guía paramos un rato en la
frontera china, cerrada para nosotros
por no llevar visado.
Tres horas de valles repletos de terrazas y laderas, todas sin despreciar un rincón, plantadas de arroz. Ya agotada la primera batería de la cámara y con las tarjetas sd repletas de fotos llegamos a Sapa, el pueblo está a 1600m sobre el nivel del mar, estábamos a 24grados REALES con una temperatura agradable pero sin sudar, bendito clima del norte.
Desde el autobús, se veía, a la entrada del pueblo, que en los primeros restaurantes estaban
cocinando tres espetones con tres cochinillos ensartados y dando vueltas. Al
llegar al hotel y con el recelo de probarlos, nos pegamos una ducha rápida y a
la caza del marranillo.
| Mas marketing? |
Las ocho y media de la tarde
y del bicho, marranillo, solo quedaba un triste trozo de la cabeza. Cambiamos
de calle y tiramos por una más estrecha y un poco menos iluminada, Rosa y
Amparo iban a unos doscientos metros delante de nosotros y Rodolfo y yo quejándonos
de nuestra mala suerte por no haber llegado a tiempo de hincarle el diente a
esa sabrosura, que ya estábamos hasta el recuerdo de desayunar comer y cenar
con arroz. Por la Izquierda se acerca un chaval delgado, un poco más alto que
yo y casi en un susurro me dice VIETNAM
BOM BOM yo muy lince le señalo a las mujeres y el pajo hace un mohín y dando un
gritito dice SORRY SORRY, de todos los colores del arco iris me puse cuando
comprendí que el bom bom era para mí pero con él, me estoy consolando con la
falta de luz, con las costumbres del país… me cago en la madre que lo pario
bujarron
Finalmente acabamos cenando cerca del hotel,
fue entrar al local y se abrieron todos los grifos del cielo, empezó a caer un
agua torrencial. A los postres la dueña, una chica joven, nos trajo en una
botella de agua, un vino casero de arroz
que decía lo había hecho ella, malo no, malísimo, acabamos mezclándolo con el café, la chica se quedó
asombrada y cuando le explicamos que esto era típico de España, se empeñó en
probarlo. Gustarle le debió de gustar porque si nos descuidamos se papa todo el
vaso y nos quedamos sin café. Dos horas después seguía lloviendo con la misma
intensidad y aprovechando un paroncillo salimos todo el restaurante corriendo
como perseguidos por el diablo hasta el hotel.
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